miércoles, 29 de abril de 2009

Entrevista a D. José Joaquín Borrajo Iglesias


Como os habíamos prometido os ofrecemos la entrevista a nuestro profesor, recientemente doctorado, D. José Joaquín Borrajo Iglesias:

1. ¿Cómo te presentarías?


Mi nombre es José Joaquín Borrajo Iglesias, 33 años de edad, el más joven de tres hermanos, sacerdote con cura de almas en cuatro parroquias y que la Divina Providencia ha querido que me preparase y prestase un pequeño servicio a la Iglesia en el campo del Derecho Canónico.


2. Una palabra sobre tu pueblo, tu tierra natal. El Santuario de los Milagros.

Bajo la mirada protectora de Nuestra Señora la Virgen de los Milagros y entre las Villas de Baños de Molgas y Maceda se necuetra situado el pueblo de Almoite, que en algúntiempo contaba con más población, pero que en la actualidad se encuentra disminuida debido a que algunos de los hijos de este pueblo han tenido que marcharse por distintos motivos, sobre todo laborales, aunque todavía quedan matrimonios jóvenes y algunos niños que son la esperanza de futuro para el pueblo.

El Santuario de los Milagros y la Comunidad de Padres Paules que lo regentan, es para mí como mi segundo hogar, donde siempre he encontrado y encuentro las puertas abiertas, la “Casa de la Madre” donde tenemos un lugar todos sus hijos. En pocas palabras: familia, amistad, acogida, apoyo y, que aunque lo ponga en último lugar no por eso es menos importante, foco de espiritualidad donde tantas veces reponemos fuerzas y renovamos nuestra ilusión ante la mirada cariñosa de –que me perdone Sor Prudencia- a “Santiña do Medo”.

3. ¿Qué nos puedes decir sobre tu familia?

Sobre mi familia puedo decirte que lo que soy en este momento se lo debo a ellos, mis padres Joaquín y Josefa, mis hermanos y tantos que con su esfuerzo, cariño y comprensión me han arropado, cuidado, mimado, animado y continúan haciéndolo en este momento. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a Dios por la familia que me ha dado.

4. Algo sobre tus primeros estudios y el primer contacto con la Iglesia

El Señor ha querido ponerme desde el principio en un ambiente propicio para que pudiese surgir y posteriormente desarrollarse mi fe y mi vocación, para ello se ha servido de muchas personas e instituciones. Mi primer contacto con la Iglesia fue en el seno de la familia, con ellos aprendí a rezar, que los domingos era el día no sólo de descanso sino también para ir a misa con mis padres. Como no un recuerdo muy cariñoso para mi primer colegio el “Sagrado Corazón de Jesús” en Zamora, en él no sólo adquirí conocimientos, sino también valores humanos y espirituales que las religiosas del Amor de Dios supieron transmitirme. Un contacto con la Iglesia que se mantuvo en la parroquia de donde soy, hasta el momento de tomar la decisión de ir al Seminario Menor.

5. El Seminario Menor ¿qué significó para tu vocación?

Siempre digo que el Seminario Menor ha supuesto algo muy importante para mi, ya que soy consciente de que he adquirido muchos de los hábitos que tengo, tanto desde el nivel humano, como espiritual. Fue como ese semillero donde los sacerdotes con los que me he encontrado me ayudaron a cuidar una vocación que en esos momentos nacía. Doy gracias a Dios por esa etapa de mi vida.

6. El tiempo del Seminario Mayor...

El Seminario mayor fue un reafirmar, un afianzar lo que comenzó en el Menor. Me encontré con una comunidad que me ayudó a seguir creciendo (“no físicamente, por supuesto, porque ya venía crecidito”) y que quizá supo sacar lo mejor de mí mismo. Un lugar de oración, estudio y convivencia. Nunca le estaré lo bastante agradecido al “corazón de nuestra diócesis” por lo mucho que me ha dado.

7. ¿Qué significó para ti el Orden de Diácono y el Sacerdocio?.

La etapa del diaconado en mi caso fue un tanto especial ya que fue una etapa de estudio: en ese momento la Iglesia me encomendó la tarea del estudio del Derecho Canónico, con lo que eso supuso: traslado a Roma, legua nueva, lugar nuevo, experiencia de Universidad Pontificia, pero de esto hablaremos más adelante. El sacerdocio para mi significó el comienzo de un camino para el que me había estado preparando, tanto en el plano espiritual como en el plano humano, durante los años previos, un sentirme querido por el Señor, a pesar de mis deficiencias, para hacerle en cada momento presente en los lugares donde quiera ponerme.

8. Roma. ¿Cuáles fueron dos primeras sensaciones comprendido profundizar en el estudio del Derecho Canónico?

La primera sensación recuerdo que había sido de un cierto desconcierto, ya que nunca se me había pasado por la cabeza algo así y menos en Roma, con lo que me cuesta desplazarme y viajar. Pero una vez situados ya no cabe duda que ha sido una experiencia enriquecedora, no simplemente con lo que aprendes en la universidad, el gusto y la afición por el derecho canónico, sino por el poder experimentar y vivir todo lo que se vive en Roma y en una Universidad Pontificia romana: ver y conocer a personas de distinta procedencia, abrir la mente y el corazón a la Iglesia universal. Eso te ayuda a relativizar muchas cosas y a ver y centrarte en lo que de verdad importa: en que has de vivir tu seguimiento de Cristo siempre en comunión con la Iglesia. Por lo tanto es una experiencia no simplemente de académica, con unos buenos profesores, porque nosotros ya los teníamos aquí en nuestro seminario, sino que supuso algo más.

9. ¿Cuál es tu recuerdo de las parroquias alto cargo después de restante en Roma?

Una vez concluida la licenciatura y llegado a la Diócesis, el Sr. Obispo me encomendó el cuidado pastoral de cuatro parroquias: Santa María de Bóveda de Limia, San Miguel de Padreda, San Román de Sobradelo y Santa María de Poedo. Allí he vivido una experiencia sacerdotal gozosa y mi recuerdo de ellas con cada una de sus gentes es verdaderamente extraordinario. Me sentido siempre acogido, respaldado y siempre he tenido personas que me han ayudado en aquello que nos iba pidiendo la marcha y el cuidado pastoral de las parroquias.

10. El regreso a Roma para hacer el doctorado. ¿Qué huella dejó en ti?


Tras cuatro años, el Sr. Obispo me pidió que concluyese mis estudios en Derecho Canónico, alcanzando el grado de Doctor. Esto supuso un dejar las parroquias y desplazarme de nuevo a Roma. Allí la Divina Providencia me ha colocado con un grupo de sacerdotes verdaderamente extraordinario en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat. Lugar en el que me he sentido querido y apoyado en todo momento, tanto por parte de los responsables de la Institución, como por parte de los hermanos sacerdotes de distintas diócesis y que estaban en etapa de estudios al igual que yo. Fue una ocasión para mi de experimentar una vivencia fuerte de fraternidad sacerdotal, el ser capaces de compartir desde momentos de oración, la Eucaristía, las preocupaciones académicas hasta un “capucino a las once de la mañana” en ese clima de alegría y cordialidad.

Desde el punto de vista académico supuso el habituarse a un trabajo de investigación más personal y el disciplinarte para un estudio y una elaboración del trabajo más personal.


11. ¿Qué significa para tí la formación intelectual de los seminaristas, el ser miembro del Claustro de profesores del Instituto Teológico "Divino Maestro"?

¿Que va a decir un profesor de la formación intelectual de los seminaristas? En el mundo en el que vivimos los retos que se nos presentan a los sacerdotes son cada vez mayores y se exige de nosotros cada vez más en todos los ámbitos. También desde el punto de vista intelectual hemos de estar cada vez mejor preparados, de ahí la importancia que tiene el que saquemos el mayor fruto posible de este tiempo de formación. Esto nos exige también a los que somos profesores un mayor esfuerzo en nuestra preparación personal y una mayor responsabilidad a la hora de exponer nuestras materias. En el caso del Derecho Canónico, no se trata de saber simplemente de memoria un grupo de cánones, sino el asimilarlos de tal manera que después se puedan llevar a la práctica, es decir, no se trata simplemente de teorías o buenos deseos, sino algo que con mi vida tengo que ir haciendo realidad en mi vida y ministerio sacerdotal al que estoy llamado. Ser miembro del Claustro, no es ningún privilegio sino una gran responsabilidad, que intentó vivir de la mejor manera posible, contando con mis deficiencias.

12. ¿Y ese doctorado en Derecho Canónico, que supone para ti?


Ser Doctor en Derecho Canónico es más que un papel muy bonito que puedes colgar o no de una pared. Es la responsabilidad que lleva consigo el que debes estar cada día más familiarizado con la Ley de la Iglesia, para poder también prestar mejor el servicio que se te encomienda en este campo.


13. Tus nuevas parroquias...


Mis nuevas parroquias: San Pedro de Laroá, Santa María de Laroá, San Cibrao de Nocedo de Riveira, San Juan de Seoane de Oleiros, una nueva ilusión, que el Señor me ayude a entregarme con todo el corazón y a caminar con ellos, para transmitirles la esperanza de Jesucristo. Son personas extraordinarias. Me siento muy bien acogido. Siento también su cercanía y ayuda.

14. Los jóvenes y la vocación sacerdotal. ¿Qué dirías?


La vocación es un Don de Dios. Siempre me han impactado aquellas palabras de Juan Pablo II, cuando salí por primera vez como Papa a la Plaza de San Pedro: “No tengáis miedo”. Eso es lo que le diría a los jóvenes, que no tengan miedo a escuchar la llamada del Señor, a dejarlo todo y seguirle. Si somos fieles al Señor y a su llamada somos felices. Creo que merece la pena.




Por Segundo Fernández Movilla

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